La Via Laietana, 8.000 años preservando la historia de Barcelona
“Cada tarde del verano del 68, salíamos a pasear con mi abuelo por Barcelona. Recuerdo una de ellas con un cariño muy especial. Tras pasear por las estrechas y oscuras calles que hay entre Plaza Catalunya y el barrio Gótico, llegamos a la Via Laietana, y le pregunté a mi abuelo: ¿aquí se acaba el casco antiguo de Barcelona? Él me sonrió, y me respondió que no. ¿Y porqué hay una calle tan ancha aquí en medio? Porque un día decidieron abrirla. No le di más vueltas, pero aquella calle ancha y limpia en medio del pequeño caos que reinaba en las callejuelas que la rodeaban, sembró en mi una gran curiosidad. Crecí. Leí. Me licencié en arquitectura.

Y a día de hoy puedo completar esta historia personal con la de la calle que conecta el casco antiguo de Barcelona con el Eixample en un extremo y con el mar en el otro. Su nombre hace honor a los Laietanos, los primeros moradores que habitaron la ciudad hace 8.000 años. Durante el destacado paso de los romanos, la entonces denominada Barcino fue creciendo poco a poco. Hasta que en el siglo XVIII, debido al exponencial aumento de la población, surgió la necesidad de crecer por fuera de las murallas que la delimitaban. El reconocido urbanista catalán Ildefons Cerdà, ideó una propuesta de crecimiento reticular. Solamente una calle, Pau Claris, que cambia su nombre en la Ciutat Vella por Via Laietana, se extendió a través del casco antiguo, abriéndose un espacio urbano de 900m de largo por 80m de ancho. Se derribaron un total de 2.200 viviendas y 85 calles.

Para las nuevas edificaciones se buscó inspiración en grandes ciudades como Nueva York y en estilos arquitectónicos como el de la escuela de Chicago. La apertura de la Via Laietana permitió la entrada del sol, la mejora de las condiciones higiénicas de sus habitantes y del sistema de transporte de las mercancías gracias a su conexión directa con el puerto. Supuso la construcción de un eje de negocios y edificios significativos, como el Palau de la Música, joya del modernismo catalán, que contribuyeron a la proyección internacional de la ciudad. Además, se preservó el patrimonio histórico afectado. Este fue uno de los primeros cambios que permitió pasar de la industrial y agrícola Barcelona del s.XVIII a la actual ciudad cosmopolita y de referencia del S.XXI”.
Ramon Pont
