No solo los sanitarios combaten contra el coronavirus
Desde hace poco menos de un mes ya no pueden, no les dejan, pero por esta avenida pasean miles de turistas diariamente. Suben, todos ellos, como auténticas manadas que inician grandes migraciones. Lo hacen desde Plaza España: algunos paran en las fuentes, se toman fotos, sonríen, repiten y siguen; la mayoría termina llegando al final de la postal, el palacio que alberga el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC); Otros, ya menos, siguen su travesía por los jardines botánicos, el pueblo español y terminan conquistando lo alto de la colina. Allí el Palau Sant Jordi y el castillo que da nombre a la montaña dominan la ciudad.
Al mismo tiempo, otros miles – la cantidad varía según las fechas – esperan justo al principio del recorrido a que las puertas abran. Cuatro grandes pabellones acogen un sinfín de ferias y eventos cada año. Con el amanecer salen de ellos los últimos obreros y técnicos que han dejado todo a punto.
Hombres – en su mayoría – trajeados; acreditados; equipados; irrumpen desde primera hora de la mañana por esas puertas, se reúnen con otros hombres, llegan a acuerdos, cierran contratos, firman papeles, ofrecen conferencias. Hacen, en definitiva, negocio.
Hoy la Fira de Barcelona es un desierto. El coronavirus ha dejado un escenario solitario, extraño, frío. Los únicos que aún caminan por aquí no son turistas ni empresarios, son obreros. Ellos están haciendo posible la transformación de un lugar de negocios a un hospital de campaña con capacidad para 250 pacientes por pabellón.
David Fernández es uno de ellos. Como a tantos otros, la pandemia no ha afectado a la salud de su familia, pero sí a su trabajo. Su empresa le ha aplicado un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y hasta que la situación no vuelva a la normalidad, pasa los días en la montaña cuidando su huerto. Unos días antes, le llamaron para construir un hospital de campaña dedicado a los pacientes contagiados por el virus covid-19.

“Todo va muy rápido aquí, nos tenemos que dar prisa. Yo estaba en otra obra, pero mi jefe me llamó para comentarme que estaban planeando construir pequeños hospitales temporales para reducir el volumen de otros más grandes que no dan abasto.
Las jornadas son intensas, la gente se ha quedado haciendo muchas horas cada día para poder tener el hospital listo lo antes posible. Nos repartimos en tres turnos, a mí me ha tocado ir de tardes. Es un tipo de obra totalmente nueva para mí, normalmente me dedico a construir edificios o arreglar calles, pero la situación nos ha cogido a todos de improviso.
Cuando me llamaron no tardé en responder, es un orgullo poder participar de este proyecto. No somos sanitarios pero de algún modo también estamos ayudando a que la gente se mejore y pueda recuperarse del virus. En estos momentos hay que ser solidarios porque el coronavirus es una ruleta rusa, en cualquier momento puede tocarnos a nosotros. Por suerte, mi familia y yo estamos sanos pero a cualquiera le gustaría disponer de los mejores recursos si uno cae enfermo.

Al principio me dio mucho respeto entrar a los pabellones. Impresiona trabajar en estos tiempos por el riesgo de contagio y en cierto modo por el tipo de proyecto que estás haciendo. Sale fuera de lo rutinario, es algo diferente. Sabes que se trata de algo histórico, que en unos días aquí habrá cientos de pacientes que están sufriendo. Es una responsabilidad y quieres que todo esté perfecto”.
Las habitaciones ya están terminadas, solo quedan por ultimar algunos detalles como colocar las lámparas y algún que otro colchón. Cientos de mamparas separan las habitaciones compuestas por una cama y una silla. Dentro de poco, por estos pasillos pasearán tensos, nerviosos, decenas de médicos y enfermeros esperando poder terminar cuanto antes con esta epidemia que a día de hoy se ha cobrado la vida de 15.843 personas en España. Una espera agónica por que llegue el momento en que desaparezcan de este espacio los trajes de protección individual (EPIs) y vuelvan las ferias, el bullicio, el tránsito, la vida.
David Fernández
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