“Intentaron matarme cuatro veces, la última vez casi morí.”

La vida anterior de un refugiado hondureño

Joshua Ramos fue perseguido por el gobierno hondureño después de haber realizado acciones solidarias con el apoyo del antiguo Presidente José Manuel Zelaya Rosales. Para protegerse, se mudó a Barcelona en 2017 donde quiere convertirse en un educador social.

“En Honduras, mi país natal, nadie recibe ayuda; ni comida, ni educación. Quiero que la gente evolucione y que tenga trabajo. Por fortuna, mi familia me apoyó, me pagó estudios privados, pensé que era el caso de todos. A los 9 años, veía familias que vivían en las calles cuando iba a mis primeras clases de baile. Al inicio, tenía miedo de hablar con ellos. Supuse que querían quedarse aquí. Me acerqué para conocerlos, y me contaron su difícil historia como la de los niños que trabajaban en lugar de jugar ya que su madre estaba en incapacidad. Nadie tenía consideración por ellos. Me di cuenta de la realidad. Descubrí tres niveles de pobreza. En el primer nivel, las generaciones de una familia entera viven en una casa y no tienen suficiente dinero para pagar la comida. En el segundo, residen en la calle y fabrican una habitación hecha de plástico, cartón y tela, debajo de un puente. En el último caso, duermen y comen dentro las basuras.

Unos años más tarde, organicé representaciones artísticas en un teatro, cobramos la entrada y di el dinero recaudado a los pobres. De esta manera, convertí el baile en una plataforma de ayuda. Cada vez que puedo ayudar, lo voy a hacer. Durante un proyecto escolar, encontramos a los «pobres de la basura» y les ofrecimos un empleo en empresas de latas que necesitaban personal para clasificar sus productos. Antes de 2009, formé parte de un grupo de Movimiento Universitario de Estudiantes y dirigí varios proyectos de logística. Proponíamos enviar a los niños de la calle a la escuela, a cambio dábamos dinero a los padres. Cada facultad tenía un proyecto específico, como la de deontología que ofrecía un cuidado de los dientes gratuito. En 2007, el presidente José Manuel Zelaya Rosales nos vio en un reportaje emitido por la antigua cadena de televisión Uni TV, donde hablábamos del proyecto.  Le gustó la idea y nos contactó para anunciar su apoyo financiero. Creó medidas sociales tales que las universidades y las escuelas gratuitas, la merienda incluida para los alumnos, y el transporte más barato. Organizó un evento durante el Día del niño en la casa presidencial donde trabajaba. Distribuyó juegos y juguetes. Muchos niños nos dijeron que nunca habían recibido un regalo hasta ese día.  

La política de este presidente está en desacuerdo con las otras. Los candidatos a los puestos más importantes del gobierno utilizan a los pobres prometiéndoles una vida mejor en contra de su voto. Rafael Leonardo Callejas Romero y Carlos Roberto Flores fueron presidentes gracias a esta técnica. Después de su elección, les dejan en la miseria, no cumplen sus promesas. Entonces los pobres tienen miedo de la gente que se acerca a ellos, pensando que están mintiendo. Por otro lado, es cierto que a algunas personas les gusta esta forma de vida, sólo quieren usar drogas y alcohol, sentirse libres. Desde el golpe de Estado de 2009, Honduras ha sido un estado de dictadura hasta hoy. Han suspendido todas las buenas medidas del anterior presidente. Están matando cada vez más gente en contra de sus políticas, en la calle o en sus apartamentos. Fue lo peor que nos ha pasado. Intentaron matarme cuatro veces, la última vez casi morí. La más fatal fue cuando estaba en el jardín de mi casa, sentado en un banco frente a la casa, fumando un cigarrillo. No había luz porque la lámpara estaba rota y se tardó mucho en arreglarla. De repente sentí una pistola en mi cabeza. Dos personas vestidas de negro con una gorra me robaron el reloj, la chaqueta y el collar. Se pusieron a pensar en cómo camuflar el ataque como un crimen ordinario que no estuviera relacionado con el gobierno y ni fuera solicitado por nadie, para no despertar sospechas. Peleamos y uno de ellos me golpeó en la espalda. Empecé a correr cuando me disparó. La bala atravesó mi cuerpo y salió por mi vientre. Llegué sangrando a la casa de mi hermana que vivía al lado. Me llevó al hospital, estaba a punto de morir. Otra vez fue cuando salía de la universidad, me golpearon. Por suerte un policía no corrupto estaba ahí revisando los coches y me ayudó. Otro día, me subí en un taxi y el pasajero era el cómplice del conductor, me cortó parte de la oreja. Era una trampa. Abrí la puerta mientras el vehículo se movía, caí en un jardín lleno de cactus que me arañó los brazos. Otra vez, estaba en casa. No se para”.

Gracias a la ayuda de su amiga que vivía en Barcelona, Joshua se mudó allí y prosperó en el ámbito asociativo y artístico: «tengo un grupo de danza con otras personas de Honduras que encontré en la ciudad. Se llama Balam Kam lo que significa «señor jaguar» en lengua maya».

Joshua Ramos


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