“Veía treinta personas bailando en una sala pareciendo un mismo cuerpo”


Un sueño tanguero en Barcelona

Claudio Frost es un tanguero argentino formado en Buenos Aires. Se mudó a Barcelona en 2001 con su compañía de espectáculo, deseando ofrecerse una nueva vida artística. Actuaba en el metro, las calles y luego en las salas de teatro. Ahora, es el fundador y director general de Trasteros de las Artes.

Su asociación cultural y solidaria organiza varias actividades como eventos, talleres y capacitaciones. También forma personas con discapacidad y víctimas de problemas con drogas y prostitución. Quiere promover la interconexión y todo tipo de carte tales que el teatro social, la danza y la música: “utilizamos las artes escénicas como herramienta de reflexión y transformación social”. Él que se define como un “pescador de ilusiones” declaró que “en la educación, el teatro y el baile, busco este instante de magia que está escondido en alguna parte”. Se recuerda de su llegada en la ciudad española y las representaciones más inolvidables que tuvo.

“El tango es una cultura que reagrupa la música, el baile y una forma de entender la relación humana llena de códigos tras la expresión del cuerpo. Lo que me gusta es provocar una emoción de verdad, tanto un sentimiento de nostalgia que de alegría”.

Este género musical nació en el Rio de la Plata (entre Argentina y Uruguay) en la segunda mitad del siglo XIX con la influencia de los africanos y los inmigrantes europeos. Primero, creó la milonga y luego diferentes tipos de tango se desarrollaron, y sus instrumentos se cambiaron por el piano, el violín y el bandoneón. A partir de 1930, el tango conoció la edad de oro con el suceso de su arte urbano creando la identidad cultural de Argentina, gracias a las grandes figuras del tango como el cantador Carlos Gardel. Caracterizado por un baile sensual y apasionada, Claudio lo transformó en algo de divertido.


“En 1991, estudiaba el teatro en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático en Buenos Aires. En el mismo tiempo, hacía espectáculos tangueros con tres otros artistas en el metro. Una agencia de viaje fue interesada a colaborar con nosotros. Nos ofrecieron ocho plazas para viajar por Europa a cambio de hacer su promoción y el espectáculo La Persecución. En Barcelona, actuábamos en la plaza de Pi, cerca de la catedral y en la Rambla, recogiendo el dinero en una gorra o un sombrero. Me dio las ganas de vivir del arte en Barcelona, lo que es muy difícil en Buenos Aires.

Las Ramblas son llenas de artistas de la mañana hasta la noche. Un montón de ellos están pintando o están tocando música, todos están motivados para compartir y colaborar entre ellos, creando un ambiente cultural muy fuerte. Luego, viví dos años en Chile donde encontré un amigo que hacía representaciones con marionetas a tamaño humana. Él me dio la idea y traje algunas de ellas en Europa”.

Espectáculo de marionetas por Claudio Frost

Claudio Frost actuaba entre la entrada de la Plaza Real y el Gran Fonda de Oriente. Todos los fines de semana, organizaba un sorprendente espectáculo de tango. Su cabeza en la falda roja de la marioneta femenina, sus piernas en el pantalón negro en el de masculino, Claudio formaba su propio dúo. Ponía su sombrero en el suelo en frente de los pasajeros donde se llenaba de pesetas cuando él bailaba. Sin visión, se guiaba por la música procedente de una caja de casetes. Con sesiones de tres minutos durante tres horas, su espalda soportaba el peso y el calor del traje con la única motivación de entretener a la gente.


Cada vez que escuchaba risas, descubría una energía estimulante y mi representación artística se mejoraba con la ayuda de la audiencia. En tres minutos, tenía la capacidad de provocar una emoción de felicidad o de nostalgia en el público que necesitaba escapar de su rutina. Al final de la coreografía, la gente me cercaba para agraciarme y contarme su historia intima, lo que me emocionaba mucho. Me invitaban a comer, beber una cerveza en un bar. Poco a poco me conecté con ellos y llegaban a mí para preguntarme donde podrían bailar y aprender. Así empecé a volverme profesor y a organizar espectáculos en los teatros y los centros cívicos en Europa como Italia, Suiza, Francia… El dinero me faltó ya que tenía muchos gastos por eso, me quedo en Barcelona. Tuve los mejores recuerdos en Pica Club situada en la Plaza Real, donde organizaba mis clases todos los lunes durante doce años. Cuando veía treinta personas bailando en una sala pareciendo un mismo cuerpo, me llenaba de felicidad.

Pipa Club

El coronavirus va a afectar la manera de bailar las milongas, modificando los espacios y los gestos. El tango es una ceremonia que consiste en vestirse, irse a bailar y comunicar. Este mundo social sufrirá las consecuencias.”

Claudio Frost

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