“Viajar me ha enseñado a abandonar prejuicios y me ha permitido conocer gente maravillosa”

Gabriela Sánchez

Viajar a través de las personas

Gabriela Sánchez

Gabriela Sánchez ha viajado por América Latina y Europa cargada con una mochila con lo más básico buscando lugares maravillosos. Pero lo que realmente la ha movido ha sido la idea de encontrarse con personas con las que intercambiar experiencias, culturas y conocimientos. Para Gabriela, lo más apasionante de todo son los amigos de viaje.

Gabriela apenas había salido de Lima, Perú, cuando decidió embarcarse en su primer viaje a Bolivia. Había oído hablar muchas veces del mágico salar de Uyuni, por lo que sus ganas de visitarlo eran inmensas. Cuando recibió su primer sueldo, reservó 200 dólares para el viaje, preparó un Excel con lugares que quería visitar si o si y dejó espacio para que el azar dirigiera la otra parte de su aventura.

Gabriela es una incansable viajera que sueña con llenar su mochila de experiencias y vaciarla de prejuicios
Gabriela es una incansable viajera que sueña con llenar su mochila de experiencias y vaciarla de prejuicios

Su primera parada fue Puno, Perú. Una vez allí empezó a averiguar como podía cruzar el lago Titicaca para llegar a Bolivia por Copacabana y coger un autobús hacia la Paz. Entre medio se encontró con una parada obligatoria: la Isla del Sol, una isla situada en medio del lago Titicaca desde donde se puede disfrutar de uno de los amaneceres más bonitos del planeta. Tras subir por las abruptas cuestas de la isla, empezó a buscar un alojamiento económico donde hospedarse aquella noche. A las horas, conoció a una francesa que se encontraba en una situación parecida y decidieron compartir habitación para reducir costes. Gabriela lo recuerda, con mucho cariño, como una de sus primeras aventuras.

– Me estaba atreviendo a compartir habitación con alguien a quien no conocía absolutamente de nada. Quién sabe, ¡podría haber sido una asesina en serie! – Bromea.

Pasadas unas horas, la chica desconocida se convirtió en una de sus primeras amigas de viaje. Tras ver el amanecer, se despidieron y Gabriela continuó con su aventura hacia la Paz. Una vez en la ciudad, se hospedó en un hostal donde conoció a gente de Rusia, Estados Unidos, Francia y Colombia. Con ellos compartió momentos tan especiales como la comida de Navidad o la cena de fin de año.

En este momento, Gabriela se dio cuenta de que quería seguir viviendo estas experiencias toda su vida
En este momento, Gabriela se dio cuenta de que quería seguir viviendo estas experiencias toda su vida

– Viví momentos muy divertidos. De hecho hasta nos colamos durante veinte minutos en el Ritz, el hotel más caro de la paz, para disfrutar de los fuegos artificiales desde las alturas. Pero lo que realmente me llevé del viaje fue el reto de abrir mi mente. Era la primera vez que compartía habitación con dieciséis personas. En un principio iba con la idea de que viajar así era algo sucio, que quizás no me respetarían y que fácilmente tratarían de sobrepasarse conmigo. La verdad es que esta etiqueta desapareció rápido. Nunca me faltaron al respeto. Al cabo de los años, si que en alguna ocasión me he sentido incómoda, pero para nada ha sido un elemento predominante en mis viajes.  

Cuando más conversaba con gente de otras culturas, más se daba cuenta de lo poco que conocía su propio país, y más ganas tenía de conocerlo más para poder compartir todo lo que supiera en sus viajes.

Después de visitar la Paz, se dirigió al pueblo de Uyuni. Su primera parada fue una cafetería, donde decidió hacer tiempo hasta que abrieran las taquillas de billetes para empezar el tour hacia el salar. Durante la espera conoció a Celeste, una argentina que todavía es amiga suya, y a Juan, un simpático colombiano. Tras intercambiar algunas palabras, decidieron compartir la furgoneta para el tour para abaratar costes y asegurarse una buena compañía.

– El viaje fue maravilloso – me cuenta. – Y no solo por el salar. Aprendí muchísimo sobre Argentina y Colombia y me llevé a dos magníficas personas.

Después de pasar tres días juntos, sus caminos se separaron. Gabriela todavía tenía un día más para disfrutar del lugar, mientras que sus dos amigos de viaje tenían que regresar a sus países. Pero no tardó demasiado en conocer a más gente. Esta vez una familia que le cambió la vida. Desde un principio se mostraron abiertos a recibirla en su grupo, y entre ellos creció una relación de confianza que todavía existe a día de hoy. Hace relativamente poco, uno de los componentes de esta familia falleció.

– Allí me di cuenta de lo importantes que llegan a ser los amigos que haces en un viaje. A pesar de la distancia y de haber compartido con ellos a penas unos días, siempre me he sentido infinitamente cerca de ellos.

Al regresar a Perú, ya tenía claro que quería que su vida fuera así. Ella quería viajar, y quería hacerlo del modo que poco a poco y sin saberlo, había ido configurando. Mientras me cuenta sus increíbles historias por Ecuador, Colombia o Chile, su mirada se ilumina de una forma muy especial cada vez que habla de sus amigos de viaje. Incluso más que cuando habla de los lugares en si.

– Lo que me llevo, sin duda son las personas. He aprendido muchísimo de cada una de ellas. Viajar me ha abierto la mente, me ha permitido conocer a gente de Kahanistán o Malta, países que ni siquiera sabía que existían, y me ha regalado amigos de Ucrania, Italia, España, Alemania, Francia, Inglaterra, Rusia, Uruguay… Conozco gente de más nacionalidades que países he visitado. Para mi, viajar es más que una estampa en un pasaporte o más que cruzar una frontera de un país: es conocer a las personas. Porque son ellas las que hacen realmente anecdótico un viaje y las que lo llenan culturalmente. No hay nada mejor que una persona local para que te explique como funciona un país e incluso para entender como personas de otros países entienden el propio. Me he encontrado con gente que pensaba que Perú era una isla perdida en el medio del Pacífico. Viajar me ha enseñado a abandonar prejuicios, a no juzgar y a entender que todo el mundo tiene sueños y sobretodo el derecho de cumplirlos.

Ahora Gabriela está en Barcelona, embarcada en una nueva aventura y soñando en no parar nunca de descubrir el mundo.

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