“Intentaron matarme cuatro veces, la última vez casi morí.”

La vida anterior de un refugiado hondureño

Joshua Ramos fue perseguido por el gobierno hondureño después de haber realizado acciones solidarias con el apoyo del antiguo Presidente José Manuel Zelaya Rosales. Para protegerse, se mudó a Barcelona en 2017 donde quiere convertirse en un educador social.

“En Honduras, mi país natal, nadie recibe ayuda; ni comida, ni educación. Quiero que la gente evolucione y que tenga trabajo. Por fortuna, mi familia me apoyó, me pagó estudios privados, pensé que era el caso de todos. A los 9 años, veía familias que vivían en las calles cuando iba a mis primeras clases de baile. Al inicio, tenía miedo de hablar con ellos. Supuse que querían quedarse aquí. Me acerqué para conocerlos, y me contaron su difícil historia como la de los niños que trabajaban en lugar de jugar ya que su madre estaba en incapacidad. Nadie tenía consideración por ellos. Me di cuenta de la realidad. Descubrí tres niveles de pobreza. En el primer nivel, las generaciones de una familia entera viven en una casa y no tienen suficiente dinero para pagar la comida. En el segundo, residen en la calle y fabrican una habitación hecha de plástico, cartón y tela, debajo de un puente. En el último caso, duermen y comen dentro las basuras.

Unos años más tarde, organicé representaciones artísticas en un teatro, cobramos la entrada y di el dinero recaudado a los pobres. De esta manera, convertí el baile en una plataforma de ayuda. Cada vez que puedo ayudar, lo voy a hacer. Durante un proyecto escolar, encontramos a los «pobres de la basura» y les ofrecimos un empleo en empresas de latas que necesitaban personal para clasificar sus productos. Antes de 2009, formé parte de un grupo de Movimiento Universitario de Estudiantes y dirigí varios proyectos de logística. Proponíamos enviar a los niños de la calle a la escuela, a cambio dábamos dinero a los padres. Cada facultad tenía un proyecto específico, como la de deontología que ofrecía un cuidado de los dientes gratuito. En 2007, el presidente José Manuel Zelaya Rosales nos vio en un reportaje emitido por la antigua cadena de televisión Uni TV, donde hablábamos del proyecto.  Le gustó la idea y nos contactó para anunciar su apoyo financiero. Creó medidas sociales tales que las universidades y las escuelas gratuitas, la merienda incluida para los alumnos, y el transporte más barato. Organizó un evento durante el Día del niño en la casa presidencial donde trabajaba. Distribuyó juegos y juguetes. Muchos niños nos dijeron que nunca habían recibido un regalo hasta ese día.  

La política de este presidente está en desacuerdo con las otras. Los candidatos a los puestos más importantes del gobierno utilizan a los pobres prometiéndoles una vida mejor en contra de su voto. Rafael Leonardo Callejas Romero y Carlos Roberto Flores fueron presidentes gracias a esta técnica. Después de su elección, les dejan en la miseria, no cumplen sus promesas. Entonces los pobres tienen miedo de la gente que se acerca a ellos, pensando que están mintiendo. Por otro lado, es cierto que a algunas personas les gusta esta forma de vida, sólo quieren usar drogas y alcohol, sentirse libres. Desde el golpe de Estado de 2009, Honduras ha sido un estado de dictadura hasta hoy. Han suspendido todas las buenas medidas del anterior presidente. Están matando cada vez más gente en contra de sus políticas, en la calle o en sus apartamentos. Fue lo peor que nos ha pasado. Intentaron matarme cuatro veces, la última vez casi morí. La más fatal fue cuando estaba en el jardín de mi casa, sentado en un banco frente a la casa, fumando un cigarrillo. No había luz porque la lámpara estaba rota y se tardó mucho en arreglarla. De repente sentí una pistola en mi cabeza. Dos personas vestidas de negro con una gorra me robaron el reloj, la chaqueta y el collar. Se pusieron a pensar en cómo camuflar el ataque como un crimen ordinario que no estuviera relacionado con el gobierno y ni fuera solicitado por nadie, para no despertar sospechas. Peleamos y uno de ellos me golpeó en la espalda. Empecé a correr cuando me disparó. La bala atravesó mi cuerpo y salió por mi vientre. Llegué sangrando a la casa de mi hermana que vivía al lado. Me llevó al hospital, estaba a punto de morir. Otra vez fue cuando salía de la universidad, me golpearon. Por suerte un policía no corrupto estaba ahí revisando los coches y me ayudó. Otro día, me subí en un taxi y el pasajero era el cómplice del conductor, me cortó parte de la oreja. Era una trampa. Abrí la puerta mientras el vehículo se movía, caí en un jardín lleno de cactus que me arañó los brazos. Otra vez, estaba en casa. No se para”.

Gracias a la ayuda de su amiga que vivía en Barcelona, Joshua se mudó allí y prosperó en el ámbito asociativo y artístico: «tengo un grupo de danza con otras personas de Honduras que encontré en la ciudad. Se llama Balam Kam lo que significa «señor jaguar» en lengua maya».

Joshua Ramos


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« Un estilo tan particular que reconocemos directamente sus obras»

Una visita en la Barcelona de Gaudí

Lucas Lahargoue es un periodista francés para la revista de viajes Voyager Ici et Ailleurs. Viaja por todo el mundo para encontrar los destinos que se destacan sobre los demás. Uno de ellos fue Barcelona. Se sorprendió especialmente por un lugar: la Torre Bellesguard.

Lucas siempre está viajando.

Después de una licenciatura en historia-geografía, completó su formación en una escuela de periodismo en París. Trabajó para diferentes medios de comunicación durante sus estudios y tuvo la oportunidad hacer su primer gran viaje a Camboya: «Me dio una bofetada al descubrimiento de otro mundo. Cuando viajamos solos, vamos a encontrar la gente más fácilmente, y ellos quedan más atraídos por nosotros. La mayoría de la gente se va de vacaciones para descansar en Punta Cana o a la isla de Mauricio. Trabajan con el deseo de pagar un confort, un servicio agradable. No es un viaje, es turismo. La cultura de viaje trata de descubrir nuevos lugares, aprender nuevas culturas, tener emociones al descubrimiento de bonitos lugares, y provocar encuentros inesperados en las calles, los mercados y las viviendas. Cuando salimos del aeropuerto, nuestros corazones palpitan frente a lo desconocido. Además debes explorar las calles y los mercados, y preferir las casas de huéspedes y los albergues juveniles, son muy bien amueblados y ofrecen casas decoradas con buen gusto. Siempre los elijo cuando me voy de vacaciones con mis amigos”.

“En la primavera de 2014, llegué a Barcelona para hacer mi revista. Todavía me siento bien aquí. La atmósfera es relajada, es una ciudad que tiene una geografía privilegiada junto a las montañas y del mar, lo que no tiene las otras”. En una Barcelona “bouillonante” [ardiente] como él le gusta llamarla, visitó los varios barrios, mercados, parques y museos, y disfrutó cada día de los espectáculos callejeros hechos por los mimos y faquires. “Dormí en un magnífico hotel de la cadena Mandarín Oriental en Passeig de Gracia”. Esta cadena hostelera de lujo internacional está rodeada de tiendas, restaurantes y atracciones culturales. Se destaca por una decoración elegante, un restaurante con estrellas Michelín y un gran spa.

La entrada de la Torre Bellesguard

«Al final de la tarde, los conserjes del hotel organizaron una salida exclusiva con un grupo de periodistas. Fuimos a una casa muy original llamada Figueras donde se ubica la torre Bellesguard, una obra de arte con un pequeño jardín. Era un alojamiento privado hecho por Gaudí donde una familia vivía. Ya que estaba ubicada en las montañas, teníamos un punto de vista increíble de toda la ciudad. Nos quedamos un poco más de una hora para admirar el campanario que se parece a una iglesia o un castillo español de la Edad Media. Era extraño y fantasmagórico para mí. Lo que me llamó la atención fue la forma original, la arquitectura de las arcadas y los muros en mosaico.  Al interior, un guía nos acogió y visitamos la parte reservada a la visita. Descubrí una bonita escalera de azulejos blancos. Subí a los techos donde había un espacio circular que nos permitía admirar la vista desde el monte Tibidabo, una de las mejores vistas de Barcelona”. La Torre Bellesguard se sitúa entre los números 16 y 20 en la calle Bellesguard. Fue construida entre 1900 y 1909 para la familia Figueras. Es un homenaje a Martin I el Humano, el último rey de la dinastía catalana que vivió en Bellesguard hasta su muerte en 1410. Esto explica las referencias a la civilización romana y las leyendas de los reyes en el edificio. Entre las obras de Antoni Gaudí, podemos visitar también la casa Batlló y la casa Milà en el barrio de Gracia. Este arquitecto y paisajista catalán es una figura del modernismo caracterizada por la geometría y el volumen de sus edificios, utilizando la cerámica, la vidriería, la carpintería y la forja de hierro. Influenciado por el arte neogótico, su estilo se construyó gracias a su observación de la naturaleza. Es el autor de los monumentos más visitados de la ciudad como el Palacio Güell, la Sagrada Familia, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y el parque Güell.

“Escuché el nombre de Gaudí durante mi primer viaje a Barcelona. Este gran arquitecto tiene un estilo tan particular que reconocimos inmediatamente sus obras cuando las vimos”.

Lucas Lahargoue


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“Seguir luchando sin dar un paso atrás por cada derecho conseguido”

¿Qué es el feminismo?

Maribel Ponferrada Arteaga es investigadora en el Observatorio para la Igualdad en la Universidad Autónoma de Barcelona. Se dedica al análisis de las desigualdades sociales y étnicas en la educación superior. Hizo un doctorado en Antropología Social donde su interés por el feminismo creció.

La Universidad Autónoma de Barcelona


“Durante mis estudios, aprendí la complejidad de las diferentes formas de ser mujer y hombre en cada sociedad y cultura y lo importante que es para una persona aceptar los roles de género como parte de su identidad grupal, y ahí radica uno de los principales problemas y retos para el feminismo, que la lucha por el cambio de género debe lidiar a menudo con la sanción por parte de tu propio grupo. Me interesé más profundamente al hacer mi tesis sobre las experiencias escolares de chicas de clase trabajadora, a partir de la literatura científica sobre género y educación llegué a los diferentes feminismos, y lo profundicé cuando impartí clases sobre Antropología y Feminismo en la universidad de Barcelona. En mi contexto social en la infancia y adolescencia no conocía a nadie que militara en movimientos feministas, pero si en movimientos de izquierda.

Para mí el feminismo es una postura política y social antes las injusticias y las desigualdades que sufren la mayoría de las mujeres en cada contexto y país. No se trata de un movimiento único, sino de diferentes abordajes que dependen de la experiencia de cada sector de mujeres o incluso de hombres y de personas no binarias que sufren las consecuencias de un sistema social patriarcal que privilegia a los hombres heterosexuales de clases sociales medias y altas.  

La mujer de hoy es un concepto complicado, sería más bien, las mujeres de hoy, que pueden ser mujeres físicas, culturales, con cuerpo masculino pero identidad femenina, con cuerpo femenino pero con identidad masculina.. Todos tienen en común vivir en situación de subordinación y de falta de poder en relación a la sexualidad y al género. Las mujeres que me inspiran son las que consiguen sus propias ambiciones sin abandonar por ello la estima y el cuidado de los demás, su familia, amistades y compañeras de trabajo.

El aspecto más relevante de mi condición de mujer lo he aprendido con mi vivencia de ser madre de una niña de diez años, nadie nos prepara para dejar nuestra propia individualidad a un lado y durante bastante tiempo anteponer los intereses de una criatura ante los tuyos, sin dejar de perderte a ti misma. Hacer crecer y cuidar a una criatura es muy difícil y cansado, y te hace realmente vulnerable y pensar en las vulnerabilidades de los demás. 

El mensaje que querría transmitir sobre el o los feminismos es seguir luchando sin dar un paso atrás por cada derecho conseguido y seguir luchando por los nuevos, incorporando todos los intereses feministas, muchas veces discrepantes entre ellos, como algo poliédrico pero no por ello menos necesario. Nadie se debe apropiar del nombre, cada grupo debería defenderlo desde sus propias vivencias y experiencias, y todas podemos apoyar la mayoría de demandas de los diferentes grupos y personas feministas”. 

Maribel Ponferrada Arteaga


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“Veía treinta personas bailando en una sala pareciendo un mismo cuerpo”


Un sueño tanguero en Barcelona

Claudio Frost es un tanguero argentino formado en Buenos Aires. Se mudó a Barcelona en 2001 con su compañía de espectáculo, deseando ofrecerse una nueva vida artística. Actuaba en el metro, las calles y luego en las salas de teatro. Ahora, es el fundador y director general de Trasteros de las Artes.

Su asociación cultural y solidaria organiza varias actividades como eventos, talleres y capacitaciones. También forma personas con discapacidad y víctimas de problemas con drogas y prostitución. Quiere promover la interconexión y todo tipo de carte tales que el teatro social, la danza y la música: “utilizamos las artes escénicas como herramienta de reflexión y transformación social”. Él que se define como un “pescador de ilusiones” declaró que “en la educación, el teatro y el baile, busco este instante de magia que está escondido en alguna parte”. Se recuerda de su llegada en la ciudad española y las representaciones más inolvidables que tuvo.

«El tango es una cultura que reagrupa la música, el baile y una forma de entender la relación humana llena de códigos tras la expresión del cuerpo. Lo que me gusta es provocar una emoción de verdad, tanto un sentimiento de nostalgia que de alegría”.

Este género musical nació en el Rio de la Plata (entre Argentina y Uruguay) en la segunda mitad del siglo XIX con la influencia de los africanos y los inmigrantes europeos. Primero, creó la milonga y luego diferentes tipos de tango se desarrollaron, y sus instrumentos se cambiaron por el piano, el violín y el bandoneón. A partir de 1930, el tango conoció la edad de oro con el suceso de su arte urbano creando la identidad cultural de Argentina, gracias a las grandes figuras del tango como el cantador Carlos Gardel. Caracterizado por un baile sensual y apasionada, Claudio lo transformó en algo de divertido.


“En 1991, estudiaba el teatro en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático en Buenos Aires. En el mismo tiempo, hacía espectáculos tangueros con tres otros artistas en el metro. Una agencia de viaje fue interesada a colaborar con nosotros. Nos ofrecieron ocho plazas para viajar por Europa a cambio de hacer su promoción y el espectáculo La Persecución. En Barcelona, actuábamos en la plaza de Pi, cerca de la catedral y en la Rambla, recogiendo el dinero en una gorra o un sombrero. Me dio las ganas de vivir del arte en Barcelona, lo que es muy difícil en Buenos Aires.

Las Ramblas son llenas de artistas de la mañana hasta la noche. Un montón de ellos están pintando o están tocando música, todos están motivados para compartir y colaborar entre ellos, creando un ambiente cultural muy fuerte. Luego, viví dos años en Chile donde encontré un amigo que hacía representaciones con marionetas a tamaño humana. Él me dio la idea y traje algunas de ellas en Europa».

Espectáculo de marionetas por Claudio Frost

Claudio Frost actuaba entre la entrada de la Plaza Real y el Gran Fonda de Oriente. Todos los fines de semana, organizaba un sorprendente espectáculo de tango. Su cabeza en la falda roja de la marioneta femenina, sus piernas en el pantalón negro en el de masculino, Claudio formaba su propio dúo. Ponía su sombrero en el suelo en frente de los pasajeros donde se llenaba de pesetas cuando él bailaba. Sin visión, se guiaba por la música procedente de una caja de casetes. Con sesiones de tres minutos durante tres horas, su espalda soportaba el peso y el calor del traje con la única motivación de entretener a la gente.


Cada vez que escuchaba risas, descubría una energía estimulante y mi representación artística se mejoraba con la ayuda de la audiencia. En tres minutos, tenía la capacidad de provocar una emoción de felicidad o de nostalgia en el público que necesitaba escapar de su rutina. Al final de la coreografía, la gente me cercaba para agraciarme y contarme su historia intima, lo que me emocionaba mucho. Me invitaban a comer, beber una cerveza en un bar. Poco a poco me conecté con ellos y llegaban a mí para preguntarme donde podrían bailar y aprender. Así empecé a volverme profesor y a organizar espectáculos en los teatros y los centros cívicos en Europa como Italia, Suiza, Francia… El dinero me faltó ya que tenía muchos gastos por eso, me quedo en Barcelona. Tuve los mejores recuerdos en Pica Club situada en la Plaza Real, donde organizaba mis clases todos los lunes durante doce años. Cuando veía treinta personas bailando en una sala pareciendo un mismo cuerpo, me llenaba de felicidad.

Pipa Club

El coronavirus va a afectar la manera de bailar las milongas, modificando los espacios y los gestos. El tango es una ceremonia que consiste en vestirse, irse a bailar y comunicar. Este mundo social sufrirá las consecuencias.”

Claudio Frost

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«Viajar me ha enseñado a abandonar prejuicios y me ha permitido conocer gente maravillosa»

Viajar a través de las personas

Gabriela Sánchez

Gabriela Sánchez ha viajado por América Latina y Europa cargada con una mochila con lo más básico buscando lugares maravillosos. Pero lo que realmente la ha movido ha sido la idea de encontrarse con personas con las que intercambiar experiencias, culturas y conocimientos. Para Gabriela, lo más apasionante de todo son los amigos de viaje.

Gabriela apenas había salido de Lima, Perú, cuando decidió embarcarse en su primer viaje a Bolivia. Había oído hablar muchas veces del mágico salar de Uyuni, por lo que sus ganas de visitarlo eran inmensas. Cuando recibió su primer sueldo, reservó 200 dólares para el viaje, preparó un Excel con lugares que quería visitar si o si y dejó espacio para que el azar dirigiera la otra parte de su aventura.

Gabriela es una incansable viajera que sueña con llenar su mochila de experiencias y vaciarla de prejuicios
Gabriela es una incansable viajera que sueña con llenar su mochila de experiencias y vaciarla de prejuicios

Su primera parada fue Puno, Perú. Una vez allí empezó a averiguar como podía cruzar el lago Titicaca para llegar a Bolivia por Copacabana y coger un autobús hacia la Paz. Entre medio se encontró con una parada obligatoria: la Isla del Sol, una isla situada en medio del lago Titicaca desde donde se puede disfrutar de uno de los amaneceres más bonitos del planeta. Tras subir por las abruptas cuestas de la isla, empezó a buscar un alojamiento económico donde hospedarse aquella noche. A las horas, conoció a una francesa que se encontraba en una situación parecida y decidieron compartir habitación para reducir costes. Gabriela lo recuerda, con mucho cariño, como una de sus primeras aventuras.

– Me estaba atreviendo a compartir habitación con alguien a quien no conocía absolutamente de nada. Quién sabe, ¡podría haber sido una asesina en serie! – Bromea.

Pasadas unas horas, la chica desconocida se convirtió en una de sus primeras amigas de viaje. Tras ver el amanecer, se despidieron y Gabriela continuó con su aventura hacia la Paz. Una vez en la ciudad, se hospedó en un hostal donde conoció a gente de Rusia, Estados Unidos, Francia y Colombia. Con ellos compartió momentos tan especiales como la comida de Navidad o la cena de fin de año.

En este momento, Gabriela se dio cuenta de que quería seguir viviendo estas experiencias toda su vida
En este momento, Gabriela se dio cuenta de que quería seguir viviendo estas experiencias toda su vida

– Viví momentos muy divertidos. De hecho hasta nos colamos durante veinte minutos en el Ritz, el hotel más caro de la paz, para disfrutar de los fuegos artificiales desde las alturas. Pero lo que realmente me llevé del viaje fue el reto de abrir mi mente. Era la primera vez que compartía habitación con dieciséis personas. En un principio iba con la idea de que viajar así era algo sucio, que quizás no me respetarían y que fácilmente tratarían de sobrepasarse conmigo. La verdad es que esta etiqueta desapareció rápido. Nunca me faltaron al respeto. Al cabo de los años, si que en alguna ocasión me he sentido incómoda, pero para nada ha sido un elemento predominante en mis viajes.  

Cuando más conversaba con gente de otras culturas, más se daba cuenta de lo poco que conocía su propio país, y más ganas tenía de conocerlo más para poder compartir todo lo que supiera en sus viajes.

Después de visitar la Paz, se dirigió al pueblo de Uyuni. Su primera parada fue una cafetería, donde decidió hacer tiempo hasta que abrieran las taquillas de billetes para empezar el tour hacia el salar. Durante la espera conoció a Celeste, una argentina que todavía es amiga suya, y a Juan, un simpático colombiano. Tras intercambiar algunas palabras, decidieron compartir la furgoneta para el tour para abaratar costes y asegurarse una buena compañía.

– El viaje fue maravilloso – me cuenta. – Y no solo por el salar. Aprendí muchísimo sobre Argentina y Colombia y me llevé a dos magníficas personas.

Después de pasar tres días juntos, sus caminos se separaron. Gabriela todavía tenía un día más para disfrutar del lugar, mientras que sus dos amigos de viaje tenían que regresar a sus países. Pero no tardó demasiado en conocer a más gente. Esta vez una familia que le cambió la vida. Desde un principio se mostraron abiertos a recibirla en su grupo, y entre ellos creció una relación de confianza que todavía existe a día de hoy. Hace relativamente poco, uno de los componentes de esta familia falleció.

– Allí me di cuenta de lo importantes que llegan a ser los amigos que haces en un viaje. A pesar de la distancia y de haber compartido con ellos a penas unos días, siempre me he sentido infinitamente cerca de ellos.

Al regresar a Perú, ya tenía claro que quería que su vida fuera así. Ella quería viajar, y quería hacerlo del modo que poco a poco y sin saberlo, había ido configurando. Mientras me cuenta sus increíbles historias por Ecuador, Colombia o Chile, su mirada se ilumina de una forma muy especial cada vez que habla de sus amigos de viaje. Incluso más que cuando habla de los lugares en si.

– Lo que me llevo, sin duda son las personas. He aprendido muchísimo de cada una de ellas. Viajar me ha abierto la mente, me ha permitido conocer a gente de Kahanistán o Malta, países que ni siquiera sabía que existían, y me ha regalado amigos de Ucrania, Italia, España, Alemania, Francia, Inglaterra, Rusia, Uruguay… Conozco gente de más nacionalidades que países he visitado. Para mi, viajar es más que una estampa en un pasaporte o más que cruzar una frontera de un país: es conocer a las personas. Porque son ellas las que hacen realmente anecdótico un viaje y las que lo llenan culturalmente. No hay nada mejor que una persona local para que te explique como funciona un país e incluso para entender como personas de otros países entienden el propio. Me he encontrado con gente que pensaba que Perú era una isla perdida en el medio del Pacífico. Viajar me ha enseñado a abandonar prejuicios, a no juzgar y a entender que todo el mundo tiene sueños y sobretodo el derecho de cumplirlos.

Ahora Gabriela está en Barcelona, embarcada en una nueva aventura y soñando en no parar nunca de descubrir el mundo.

«El mundo no está descubierto como la gente piensa»

Tras los pasos de Darwin

Jordi Serrallonga

Jordi Serrallonga es arqueólogo, naturalista, primatólogo, escritor, profesor universitario y guía de expediciones. Ha cimentado su carrera en la búsqueda de los orígenes del ser humano siguiendo los pasos del que es su gran mentor y maestro, Charles Darwin.

***

Todo comenzó con Urko, uno de los hijos de copito de nieve, el único gorila albino registrado hasta el momento. Era parte del programa del Zoo de Barcelona por conseguir otro espécimen sin pigmentación, aunque sin éxito. La lluvia obligó al grupo escolar que visitaba las instalaciones a refugiarse en el pabellón de primates. Entre aquellos niños se encontraba Jordi, que se quedó maravillado por la humanidad que escondía la mirada de aquella pequeña cría.

“Urko golpeaba el cristal para llamar la atención del guía que hasta ese momento había ejercido prácticamente de madre. Le había cuidado y alimentado durante las primeras semanas de vida, pero había llegado el momento de separarse de él y no lo entendía. Aquella fue mi primera toma de contacto con los primates. Después tendría la suerte de asistir a todas las actividades que se celebraron en la ciudad por el centenario de la muerte de Darwin. Allí comprendí muchas cosas aunque lo mejor fueron las dudas que me surgieron”.

Cazadores hadzabe preparando la estrategia de zaza en el Lago Eyasi, Tanzania

La curiosidad por conocer más lo llevo a licenciarse en arqueología. Después, puso rumbo a África, en un viaje que nunca olvidará. “Estaba fascinado por cómo Darwin llegó a la idea que el ser humano tenía orígenes simiescos y que estos, se encontraban en África. Si tuviera la oportunidad de encontrarme con Darwin, le diría: mire, yo soy de sus discípulos que nos fuimos a África a buscar a nuestros descendientes. Una vez allí, pasé hambre sed y toda clase de peligros, pero me gusta recordarlos con humor. Para mí, fue como adentrarme en el sueño de mi infancia. Viajar a zonas donde los pobladores aún no habían visto a blancos y excavar en yacimientos que todavía no habían sido analizados. Todo lo que encontrábamos era novedoso”.

Guerrero maasai en Maramboi, Tanzania

Muchos años después sigue explorando el mundo, desde Tanzania conviviendo con los Hadzabe hasta lugares tan exóticos como Australia o las islas Galápagos. Ahora se encuentra en un viaje en busca de animales invisibles, ya sea porque son míticos, porque hayan sido exterminados o porque son extremadamente huidizos. “Para llegar a ellos,  nos hemos abierto paso a machetazos por selvas vírgenes. Nos hemos topado con culturas humanas que prácticamente no han tenido contacto con otros seres humanos. El mundo no está descubierto como la gente piensa”.

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“Tu palabra rompe lo que los hombres prueban de construir”

La mirada feminista dentro de la policía

“Estoy orgullosa haber sido policía. Era un placer. Hay ventajas ya que es un trabajo fijo, provee una situación sostenible. Parece bonito en gran parte. La idea general de la policía es la izquierda progresista. No es un contrapoder. Mi voz evita que sea a la extrema derecha. Mi voluntad sigue siempre al lado de la justicia».

Por lo tanto, su visión no fue como ella lo imaginaba. Se enfrentó a varios problemas en su entorno profesional. «La policía practica la autodefensa con reglas pero no excluye la violencia. Como lesbiana, conocí un maltrato de mis colegas. La policía recoge mal las denunciaciones, están mal escritas. Deberíamos presentar una queja tanto para denunciar sobre la prostitución o el robo de bicicleta, pero no se hace. Necesitamos poner en marcha más recursos para ayudar a las víctimas. El derecho a ofrecer un abogado es diferente en realidad, es más difícil. Existen enormes muros si quieres pasar por la policía y la justicia. Para enfrentar a eso, son castigos más. La mujer solo quiere disculpa en general. Si un hombre golpea a una mujer, será sentenciado a quince años. Si una mujer le golpea con un objeto porque ella no tiene la misma fuerza, tardará treinta años. No hay una lógica. Las mujeres fueron asesinadas, torturadas, violadas y dejadas en las fosas. En Columbia, después 50 años de guerra, la gente llama para recoger a los muertos pero nadie viene, deben hacerlo ellos mismos.

Vamos a entendernos y espero que seriamos capaces caminar juntas sin golpear. Tenemos que buscar encuentros para debatir y no fritarnos. Por ejemplo, el día de la mujer da miedo al movimiento político. Existe una consciencia del patriarca. El feminismo rompe la fuerza política, por eso es atacado. LGBT ven el cambio desasiendo lo que haya hecho. Tu palabra rompe lo que los hombres prueban de construir. Si nos tocan, debemos conocer nuestros derechos, denunciar y defendernos del sistema. Somos víctimas. Debemos contar lo que se pasa y sacar los ojos a los hombres.

Escribió un manual de defensa física. Es una mirada feminista en una institución transfóbica y machista». Como lo dice en su libro, »si algo te duele, te hace sentir mal, te produce conflicto, malestar o te da miedo, es ella, no lo dudes, es violencia».

Sonia Vivas

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Vivir del cine en Barcelona

Patricia H.

Patricia es una joven directora y productora de cine. Ha comenzado la búsqueda de un trabajo en alguna productora y se ha encontrado con obstáculos y una dura realidad en la ciudad.

«Yo cuando empezó todo esto de la cuarentena, estaba buscando trabajo en productoras de cine. Hay muchas productoras en Barcelona, muchísimas. Pero realmente activas, hay pocas.

Mandé mails como a treinta productoras, más de la mitad ni me contestaron y las que sí que lo hicieron, me dijeron que ya tenían toda la plantilla completa pero claro, la plantilla eran tres personas o cuatro, de los cuales es uno o dos puestos ocupados por becarios.

Entonces ,al final, me llamaron de una productora que no era de cine, era de videos institucionales, spots y cosas así. Pero era un cargo que me iba muy bien: asistente de producción; y era ayudar a organizar todos los rodajes, controlar el proyecto desde que llegaba, desde la idea hasta que se entregaba. Yo fui a la entrevista súper motivada, y realmente la entrevista fue súper bien, les conté de mi experiencia en producción, pero yo en ese momento pensé, «Ostras, también tienes un perfil de dirección pero igual no se lo digas porque parece que están buscando algo muy concreto realmente», una persona de producción para producción y nada más, porque así lo ponía en la oferta de trabajo. La entrevista fue súper bien, hasta nos caímos bien con el jefe.

Total que me llamaron a la semana y media o dos y el tío me dijo que, bueno, cuando me llamó, con el tono de voz ya lo supe … pero claro, lo que me tocó las narices fue que yo me pensaba que no me habrían cogido porque habrían encontrado a alguien con más experiencia o que tiene experiencia concreta en videos institucionales … pero no me cogieron porque eligieron a una persona que se supone era productora, más fotógrafa, más operadora de cámara. Para ahorrarse tres sueldos. Y así me lo dijo el tío por teléfono. Aquí es como que te piden que seas súper multitask, la mujer pulpo o el hombre pulpo, que sepas hacer mil cosas. Esa es mi experiencia buscando trabajo en Barcelona.

Los técnicos viven mejor del cine que los directores en la ciudad.

Hay gente súper interesante y con ideas y muchísimo talento, pero se pone todo muy difícil, sobre todo para las personas que estamos empezando. Realmente ahora, tenemos un corto escrito con un amigo y estamos buscando productora y es súper complicado, osea hay productoras que te dicen «Nos gusta mucho el proyecto pero no queremos hacer cortos» o «pero ya tenemos todo completo», o «Uy es que ya tenemos muchos proyectos». Aquí el problema es eso, hay mucha gente con mucho talento y todo pero hay poco dinero. Entonces, pues, es bastante drama. Es una pena.

A la gente le cuesta vivir del cine en verdad. Hay muy poca gente que viva de eso. Y tienen más de un trabajo. Por ejemplo, Carla Simón, que es una directora de aquí, muy conocida y tal, pero por lo que conozco, ella era profe también. Esa chica, que es de las promesas de aquí, tiene que tener otro trabajo. Viven más los técnicos que los directores porque aquí se hace mucha publicidad. «

Patricia H.

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«Teníamos miedo, nos imaginábamos una Barcelona apocalíptica».

Viajar en tiempos de coronavirus

Ariadna Grau

Ariadna Grau y su pareja, Ferran, emprendieron un viaje por América Latina el 14 de diciembre de 2019 tras cuatro meses de Erasmus en Buenos Aires. No tenían fecha de regreso a Barcelona hasta que el Covid-19 les obligó a regresar a casa.

“Salimos de Buenos Aires, con la mochila en la espalda, y nos dirigimos a Bolivia. Viajamos por Uyuni, Potosí, Sucre, Torotoro , la Paz y Copacabana. Después fuimos a Perú y nos dejamos maravillar por el Machu Picchu, paseamos por las calles de Lima y empezamos un voluntariado en Chincha, un pueblo a tres horas en coche de la capital. Tras dos semanas, empezamos a viajar por la zona.

Ariadna Grau en la Laguna Colorada en Uyuni, Bolívia

Estábamos en Huancavelica, prácticamente incomunicados, cuando nos informaron de que la situación por el Covid-19 se estaba agravando en muchos países, especialmente en España. Nos llamaron los responsables del voluntariado y nos pidieron que, rápido, regresáramos a su casa. Nos encontrábamos a ocho horas en coche de Chincha y el transporte que llega hasta esta región del Perú es muy escaso. Todo apuntaba a que se prohibiría la libre circulación en todo el país un margen de dos días, por lo que si nos quedábamos allí perderíamos la posibilidad de ir al aeropuerto de Lima y regresar a Barcelona.

Decidimos que al día siguiente, cogeríamos un coche y haríamos el viaje de ocho horas seguido. Aquella noche tuvimos muchos problemas por encontrar alojamiento. Cuando en nuestro pasaporte veían que éramos españoles, se negaban a ofrecernos habitaciones por miedo a contagiarse por el virus. Les daba igual que lleváramos ocho meses viviendo en América Latina.

Las autoridades de Perú reaccionaron muy rápido. Con solo dos infectados registrados, el 15 de marzo cerraron fronteras e instauraron el toque de queda en todo el país. Solo se podía salir a la calle de 5 de la mañana a 6 de la tarde y en caso de saltárselo la pena era de una noche en la cárcel como mínimo. Durante el horario permitido se podía salir de forma individual únicamente a comprar comida. Los hombres podían salir los martes jueves y viernes y las mujeres los lunes, los miércoles y los sábados y los domingos estaba totalmente prohibido salir a la calle. Había militares por todas partes.

Por suerte, antes de este severo confinamiento llegamos a la casa donde habíamos hecho el voluntariado y seguimos con nuestra tarea de cuidar sus caballos. Pero Ferran, mi pareja, sufre de asma, uno de los factores que puede agravar más la enfermedad causada por el coronavirus,  de modo que nos vimos obligados a tomar la decisión de volver lo antes posible a Barcelona.

Empezamos con los trámites. El primer paso era llamar al consulado e informar de que estábamos en Perú y queríamos volver a España. Las líneas estaban completamente colapsadas. Estuvimos llamando durante varios días, pero no obteníamos ninguna respuesta. También enviábamos correos electrónicos, pero nos rebotaba una respuesta automática: regístrese aquí.

Mis padres desde Barcelona también investigaron por todos los medios y consiguieron que un representante de la Generalitat de Catalunya en Buenos Aires se pusiera en contacto con nosotros para informarnos sobre lo que estaba pasando, lo que teníamos que hacer y con quién teníamos que hablar.

El primer paso era seguir insistiendo al consulado: era la única forma de obtener el permiso para volver. Tras semanas de insistir, recibimos respuesta por correo electrónico: un autobús salía del sur de Perú y se dirigía a Lima. Recibimos también un salvoconducto que nos permitía desplazarnos para llegar a este transporte. Aún así, los anfitriones del voluntariado consiguieron que un coche patrulla nos acompañara hasta el punto donde teníamos que coger el autobús.

En el autobús, todos los viajeros tenían que llevar puesta la mascarilla FP2.

En el vehículo había suficientes espacios vacíos como para mantener las distancias de seguridad, pero a los cinco minutos de trayecto nos informaron de que el autobús que salía justo detrás del nuestro se había averiado. Tuvimos que dar marcha atrás para recogerlos, y está vez el autobús iba tan lleno que algunos se sentaron en el suelo. Adiós a la distancia de seguridad.

La siguiente condición que ponía el gobierno para poder conseguir el permiso era pasar una noche en el hotel Meliá de Lima. Las noches siguientes hasta la salida del avión nos alojamos en otro más barato porque no podíamos permitirnos dos semanas en el Meliá.  Todavía no sabíamos que vuelo cogeríamos para volver.

Estuvimos una semana encerrados en la habitación, esperando que nos asignaran alguno hasta que por fin nos llamaron de la embajada para informarnos de que, probablemente, saldría un avión el día 9 de abril. Facilitamos nuestros datos y nos llamó Iberia para informarnos sobre el precio del vuelo. Como ya habían salido vario era razonable, de 390€, pero nos comentaron que los primeros, cuando todavía no estaba regularizado, habían llegado a costar 1.800€. El trayecto sería Lima – Madrid – Barcelona.

Finalmente el vuelo salió al mediodía del 10 de abril. Tras cinco largas horas de trámites y espera en la embajada llegamos al aeropuerto militar de Lima. Nos sentaron en hileras de sillas separadas por la distancia de seguridad de dos metros y nos dieron nuestro billete de avión: un papel blanco con un garabato rojo en medio.

Ariadna, preparada para coger el avión, coge con guantes de plástico el billete de vuelo.

El uso de mascarillas y guantes era obligatorio durante todo el vuelo tanto para los viajeros como por la tripulación. Todos los asientos estaban llenos de modo que era imposible mantener la distancia de seguridad. Al principio todo era muy extraño, nos mirábamos entre todos y estábamos atentos a nuestros movimientos. A las 5 horas, cuando nos dieron la comida, todos nos quitamos las mascarillas.

Los aeropuertos daban lástima. No había nadie, todo estaba cerrado a pesar de ser mediodía. En las pantallas, que normalmente están llenas de vuelos, aparecían solo cuatro.

A las 14:00 del 11 de abril llegamos a Barcelona. Estábamos muy tristes por la situación general y por haber tenido que regresar a la fuerza. También teníamos miedo, con todo lo que habíamos oído nos imaginábamos una Barcelona apocalíptica.

Nos dirigimos a coger el metro. Los pasillos y  andanas estaban vacíos. Salimos en Plaza de Catalunya para coger nuestro transporte a casa. Caminamos gran parte de Paseo de Gracia hacia arriba y fue horroroso. En uno de los lugares más transitados de la ciudad no había ni un alma».

Ariadna Grau

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“Busco maneras para hacer de la literatura algo experiencial, algo cercano”

La literatura siempre encuentra el camino

Clara Saperas

Clara Saperas estudió pedagogía y humanidades, durante un periodo de tiempo trabajó organizando festivales literarios como productora, más tarde fundaría una revista de fotografía social hasta que la crisis financiera del 2008 le dejase sin trabajo y como a gran parte de la población en aquellos momentos, con un futuro lleno de incógnitas. Supo reinventarse y a mediados de 2012 fundaría Tramoia Produccions Culturals, una empresa de servicios culturales que a día de hoy sigue en activo y creciendo, aunque ahora tenga que hacer frente a otra crisis, esta vez no solo financiera.

***

Clara no ha “aprovechado” el confinamiento –como muchas otras personas–para leer ahora que tiene más tiempo. Para ella la lectura es algo natural, cotidiano, y algo de esa esencia es la que intenta transmitir a través de su empresa, Tramoia. Me confiesa que durante la cuarentena ha leído a muchas escritoras -con “A” exclusivamente- aunque haya sido pura casualidad. La campana de cristal, de Sylvia Plath; Els dics, de Irene Solà o los poemarios de Miriam Cano y Mireia Calafell son algunos de las lecturas que le han acompañado durante las últimas semanas.

Esa pasión por los libros fue el germen necesario para que se decidiera a crear un proyecto que promocionara la literatura y la acercara al gran público. “Al principio, Tramoia nació entre dos aguas: por un lado explorábamos la visión cultural del sector del vino y por otro lado, queríamos hacer algo que estuviera relacionado con la literatura. De aquella experiencia sacamos cosas muy positivas aunque ya hace bastante tiempo y hemos perdido gran parte de esa influencia del vino.

Algunos de los libros que Clara ha leído durante el confinamiento
Algunos de los libros que Clara ha leído durante el confinamiento

Ahora en cambio, nos centramos más en ofrecer otro tipo de actividades, pero siempre con la cultura en el centro. En nuestro caso, queremos promover una visión de la literatura cercana, que atraiga al gran público y pueda vivirla a partir de experiencias. En este punto, es muy importante la literatura catalana porque nos permite estar en contacto directo con los profesionales que la hacen posible: editores, escritores, traductores, etc. Esto no quiere decir que si algún día surge la posibilidad de ampliar nuestros horizontes, que no vayamos a organizar actividades en otros lugares sobre otro tipo de literatura. Ojalá que sí”.  

COVID-19

La crisis provocada por el coronavirus también les ha afectado, aunque reconoce que está extrayendo experiencias positivas de todo esto. “Los primeros días de marzo fueron duros porque nosotros teníamos programadas varias actividades que automáticamente se tuvieron que cancelar. Se trata de una situación totalmente nueva que nos ha obligado a reconstruirnos y adaptarnos a una realidad muy distinta.  Comenzamos por trasladar todo aquellos servicios que fueran posible al mundo digital y el resultado ha sido muy enriquecedor. Organizamos charlas y debates en los que participa mucha gente, gracias a ello nos hemos dado a conocer y además hemos visto que gracias a estar más activos en redes sociales, hemos captado la atención de jóvenes a los que antes no llegábamos”.

Cartel de la última edición presencial de Lecturas En Ruta, 2019
Cartel de la última edición presencial de Lecturas En Ruta, 2019

Justamente el público juvenil es uno de los que Tramoia quiere promocionar más. Varios años atrás, Clara pensaba en crear algún tipo de iniciativa que mezclara los viajes, las ansias por descubrir, la colaboración y la pasión por la literatura. De aquella amalgama surgió Lecturas en Ruta, un viaje por todo el territorio catalán en el que un grupo de jóvenes se adentran en la realidad literaria y cultural de lugares muy diferentes. “El objetivo es salir de la burbuja de Barcelona, viajar con la literatura como hilo narrativo y descubrir todas esas iniciativas que desde muchos puntos geográficos de Cataluña se están llevando a cabo. Durante varias semanas conocemos a escritores, directores de teatro, editores, bibliotecarios y otras personas muy relacionadas con este mundo que comparten ideas y reflexiones e imparten talleres. Es un proyecto que se esfuerza por mantener vivo un territorio a nivel cultural y que además lo vincula con otros aspectos como por ejemplo, el paisaje.

Pienso que la literatura es algo que se debe vivir de cerca y para muchos jóvenes hoy en día eso es bastante difícil. Sobre todo, compartir con otras personas esas inquietudes porque en la franja de edad que nos dirigimos, muchas veces es complicado y nosotros simplemente intentamos poner en común todas estas cuestiones.»

Clara Saperas

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